Después del invierno cualquier rayo de sol es bueno para echarse a la calle. Las buenas temperaturas que estamos teniendo estos días nos han animado a aligerarnos de ropa.
Las riberas del río Tajo, a la altura del Puente de San Martín, son perfectas para un paseo relajante, con la sombra de la ciudad a la izquierda y el rumor continuo del río, como en este caso en la presa de Santa Ana.
De todas formas, parece que nos precipitamos un poco en ponernos (ponerme) las chanclas y de corto. En cuanto se quitó el sol, se levantó un viento fresco que hizo que me acordara del pantalón y las botas.
En las zonas mansas del río, el rumor del viento, el trinar de los pájaros y el resto de fauna del río ejercían un perfecto efecto relajante...
El río vigilado por la
coracha de San Martín, y el baño de la Cava, y
Inma "
reflexionando" al atardecer.
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